En Lilliput inventamos dioses a los que nos gusta maniatar.
La vida es sueño

Me duermo en cualquier parte.
Una de mis amigas consideró el otro día la posibilidad de convocarnos a todas en un restaurante. La primera propuesta fue descrita en tono informativo de la siguiente manera:
-"Sí, es el italiano donde se durmió Beatrice".
La lista es larga pero el paroxismo de mis ausencias tuvo lugar en una discoteca de Bilbao. Y no crean, la relevancia y el género de la ocasión es indeterminante. Puedo dormirme en pimeras citas, en campos de minas o durante interpretaciones de La fura dels baus. Cierto es que la narcolepsia me queda muy lejos, ya lo consulté, y que tampoco me acerco al sueño defensivo. El letargo es mío pero ajeno a mí. Y cuando el sueño se manifiesta compasivo, previo a la inconsciencia, me despido.
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