
Hoy he participado en una manifestación multitudinaria. Las calles adyacentes al acontecimiento han sido cortadas al tráfico y he regresado a casa con histriónico y lento caminar a través de la carretera de mi amada Gran Vía madrileña. Los paisajes urbanos desprovistos de coches te remiten irremediablente a un sueño o a un cataclismo. La onírica visión resulta del todo inquietante y prueba de ello es que los paseantes no terminan de decidirse a profanar los sagrados muros invisibles. Me miran. A mi espalda una multitud que se expresa brama los últimos ecos de una banda sonora en vinilo.
-"Eres la protagonista de una peli de Buñuel"- me he dicho.
-"Camina en blanco y negro, Beatrice".